¿Es real la realidad?.
A primera vista, la respuesta parece obvia pero no lo es. Si me hubieran preguntado hace 15 años atrás sin duda hubiera respondido que la realidad es única ya que toda mi vida se ha basado en analizar las cosas, argumentar y preguntar ¿por que? a todo ya que por naturaleza no acepto lo primero que me digan, siempre trato de buscar más allá y al parecer existen miles de realidades alternativas a una realidad concreta y no encuentro mejor ejemplo de ello que lo que vivimos en Venezuela durante los últimos 15 años, perdida de valores religiosos, morales, espirituales y familiares, aumento de la violencia en todos sus niveles, escasez de alimentos y productos, desempleo, anarquía y corrupción en todos los niveles y pare de contar, todos son hechos reales y comprobables, solo hay que salir a la calle para verlo, pero según el Socialismo del siglo XXI, Venezuela es un paraíso por lo que no entiendo por que todo el que puede se va o ¿será que la realidad es otra?.
Según la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica, nada existe hasta que se mide, esto es, viviríamos en un universo fantasma en el que no habría sitio para una verdad inmutable y absoluta.
¿En qué consistiría entonces lo que entendemos como “realidad”?
Para muchos investigadores, esta no es más que una construcción subjetiva que elaboramos a través de lo que perciben nuestros sentidos, pero también a partir de nuestras creencias, imaginación e incluso falsos recuerdos. Es más, no todas las personas la captan por igual. Los sinestésicos, por ejemplo, son capaces de ver sonidos, oler colores o saborear formas. Se calcula que uno de cada cien individuos experimenta esta mezcla sensorial, atribuida a un particular conexión de las células nerviosas en algunas partes del cerebro.
Entre las muchas interpretaciones que se hace de lo real se encuentra la denominada “realidad consensuada”, que aparece cuando un grupo decide cómo explicar un determinado suceso; sería el caso, por ejemplo, de la religión. No obstante, probablemente, la más audaz ha sido planteada por el filósofo de la Universidad de Oxford Nick Bostrom. Este sostiene que podríamos estar viviendo una gigantesca simulación de la historia evolutiva de nuestra especie puesta en marcha por nuestros remotos descendientes, que en un futuro distante no solo habrían desarrollado los medios técnicos para hacerlo, sino que habrían alcanzado una fase posthumana en la que gracias a la tecnología habrían dejado atrás toda dependencia biológica.
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